Las niñas y niños que no tienen nada que festejar

Fotografía recuperada de: Acervo fotográfico de El Colef

En México, el 30 de abril se instauró como el día del niño, en donde se vela por el bienestar, las garantías y los derechos de la infancia, y se festeja a las y los menores mediante regalos, juguetes, festividades, etc. Sin embargo su origen dista de ser una celebración, ya que tras la devastación que dejó la Primera Guerra Mundial, particularmente en las y los niños, nuestro país se sumó a la Convención de Ginebra en donde se emitió la Declaración de los Derechos de los Niños, en donde se resguardan sus derechos.

En nuestra nación, de acuerdo al Módulo de Trabajo Infantil (MTI) del INEGI, en 2017 la población infantil de 5 a 17 años ascendió a 29.3 millones de personas, de las cuales 3.2 millones realizaron trabajo infantil, cifra equivalente al 11% de la población en ese rango de edad. De ese 11%, el 0.7% se encontraba tanto en ocupación no permitida como en trabajo doméstico en condiciones no adecuadas (en el entendido de que realizan ocupaciones y actividades que no están permitidas porque ponen en riesgo su salud, afectan su desarrollo o bien se llevan a cabo por debajo de la edad mínima permitida para trabajar, de acuerdo a la Ley Federal del Trabajo).

En base a lo anterior, el reporte puntualiza que al hablar de los niños que laboran es importante identificar dos tipos de trabajos: uno es el doméstico y otro el económico: cuando realizan trabajo económico, se dedican a la producción de bienes y servicios, y pueden recibir un pago o no, mientras que el trabajo doméstico se refiere a las actividades que se realizan en casa como lavar, planchar, barrer, preparar la comida, etc. que llevan a cabo niños y niñas en sus propios hogares sin recibir ningún pago.

Screenshot_2019-04-30 Num de inventario 004375Fotografía recuperada de: Acervo fotográfico de El Colef, por: Alfonso Caraveo

El texto arroja también que para el cuarto trimestre de 2017, una total de 21 millones de personas de 5 a 17 años ejercían quehaceres domésticos en sus hogares sin recibir remuneración de ningún tipo, de los cuales 1.4 millones los hacían en condiciones no adecuadas; de ellos, 51.5% eran mujeres y el 48.5% hombres.

En este punto podemos comprender una visión de la niñez en México en la que el 30 de abril pasa totalmente desapercibido gracias a factores de desigualdad económica, precarización laboral o violencia social en su lugar de origen, como es el caso de los menores migrantes mexicanos, quienes de acuerdo al Dr. Óscar Misael Hernández de El Colef:

éstos dejan sus lugares de origen debido a la reunificación familiar, las necesidades económicas o bien el interés en ir a estudiar a Estados Unidos, respectivamente; de igual manera, por la violencia criminal que se vive en diferentes regiones de nuestro país”.

Agrega también que, al igual que los menores migrantes centroamericanos, cuando llegan a ciudades de la frontera norte de México, enfrentan el riesgo de ser contactados por los denominados “coyotes” y posteriormente ser engañados; también pueden ser llevados a las llamadas “casas de seguridad” donde permanecen encerrados, hacinados y, en ocasiones, con alimentos limitados; y finalmente, subraya el académico, corren el peligro de morir ahogados al cruzar el Río Bravo, no sólo por el hecho de que no sepan nadar, sino también porque pueden quedar atrapados en la maleza del río.

Sin embargo, los que logran cruzar a Estados Unidos enfrentan una nueva serie de problemas ya que la mayoría son separados de sus familias por el gobierno estadounidense, por lo que pueden pasar meses, incluso años, antes de ser reunidos con sus padres. Este conflicto se ha visibilizado en gran medida por la movilidad humana que se ha presentado a nivel mundial, en donde los principales actores son los infantes.

En la Era Trump, el Departamento de Justicia de ese país anunció que le tomará al menos un año estudiar los casos de 47 mil niños no acompañados a los que se detuvo entre el 1 de julio de 2017 y el 25 de junio de 2018, aunque el presidente Trump ha dicho que será una tarea complicada dar con el paradero de los menores porque los niños ya no están bajo custodia del gobierno.

Como se recordará, el pasado mes de noviembre (2018) arribó una caravana migrante centroamericana a la Ciudad de México, la cual se alojó en el estadio Jesús Martínez “Palillo”, a las afueras del metro Velódromo, en un albergue montado por el gobierno capitalino en coordinación con diversas dependencias y organizaciones de la ciudad. Dicho movimiento masivo tenía como objetivo llegar a la frontera con Estados Unidos para solicitar asilo humanitario debido a la violencia que se ha incrementado en los últimos años en los países del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador).

Screenshot_2019-04-30 000004Acervo fotográfico de El Colef

Y a pesar de todo lo que se ha dicho respecto a la gran visibilización mediática que se le dio a este éxodo, algo que me llamó la atención y ha marcado gran parte de mi perspectiva hacia este fenómeno migratorio fue, además del gran trato, apoyo y compañerismo que los capitalinos brindaron a las personas migrantes, fue ver la cantidad de niñas y niños acompañados y no acompañados que llenaron las carpas y los pasillos del inmueble.

Al respeto, leía hace algunos días el encabezado de una prestigiosa agencia de noticias titulado “Separación familiar, mal necesario y única opción para sobrevivir: migrantes”, y es exactamente lo que pude apreciar en las familias con las que pude convivir en esa ocasión, muchas dejaron a sus hijos y emprendieron el camino al norte para instalarse en los Estados Unidos, trabajar y traer en un futuro desconocido a sus hijos e hijas, por otro lado, también charlé con pequeños que viajaban solos y habían sido encargados por sus propios padres con familiares o completos desconocidos para dirigirse en ese arduo viaje a cumplir el mal llamado sueño americano, y es entonces cuando la realidad supera la ficción y la desesperación que brota del terror diario, nos obliga a tomar medidas que parecieran drásticas en nuestro contexto, el cual se encuentra dentro de un mundo digital donde no conocemos pero sí criticamos.

Ante esto, es inevitable enfatizar que, a pocos días de que en México se celebre el Día del niño, la realidad de la separación familiar aterriza de manera abrupta sobre nuestro subconsciente debido a que alrededor del mundo existen millones de menores en condiciones de vulnerabilidad y precarización, que nunca van a poder celebrar un día dedicado a ellos, no podrán celebrar sus risas ni sus juegos, ni su inocencia a la travesura ni su emoción al tener un nuevo juguete.

La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño -Friedrich Nietzsche

ricardo.francoza@gmail.com

Jerónimo Ricardo Franco

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